miércoles, junio 9

De la "personalidad"

De pequeño recuerdo cuánto me irritaba que me dijeran aquello de “no tienes personalidad”, que en boca de padres, tutores y demás adultos sonaba con el típico “¿Y si tus amigos se tiraran por una ventana tú también lo harías?” Ya en la adolescencia me entraba la risa cuando lo recordaba, ¿acaso existe eso que llamamos personalidad? Ya había descubierto que no, poco antes de conocer a Ortega, yo ya había dibujado en mi mente un boceto del “yo soy yo y mis circunstancias” (hoy en día ya prácticamente he tachado el “yo” de esa frase, pero eso es otra historia y ha de ser contada en otro momento). Lo que comprendí, en otras palabras, es que es la naturaleza del ser humano seguir a los demás, incluso los que consideramos líderes de la manada, los que “tienen personalidad” no son más que el fruto de otras influencias, un hermano mayor, un personaje de una película, un músico de la banda de moda...
Con el tiempo he descubierto varias cosas, una, que no hay manera de escapar a las influencias exteriores, son demasiado poderosas, son las que hacen que nos guste una cierta música o una determinada manera de vestir. No hace mucho se hablaba mucho sobre la publicidad subliminal, era una creencias generalizadas (no sé si es cierta o no, no es lo que importa aquí), que la publicidad subliminal era asimilada por el cerebro e interiorizada con gran facilidad y sin darnos cuenta. Sin embargo, lo cierto es que toda publicidad nos queda impregnada en el cerebro cual mala colonia. Aunque pensemos que al ser conscientes de estar siendo atacado por un anuncio podremos esquivar su ataque, ésto no es tan cierto como cabría esperar, la idea del producto se nos queda ahí, y consumirlo nos hará más feliz, como cuando se ve una cascada y a los 5 minutos se está en al baño (tampoco se si esto es una leyenda urbana, pero es un buen ejemplo), no por ver la cascada seremos capaces de mitigar su efecto.
Otra, es que no hay que avergonzarse de ello, es lo natural, si cerramos los ojos fuertemente, seguro que podemos descubrir el momento en el que tal canción nos empezó a gustar, podremos descubrir a qué persona debemos el haber descubierto ésa canción, si los cerramos más fuerte, puede que descubramos, cual es ese momento agradable de nuestra vida al que nos lleva esa canción, puede que la oyéramos en la cuna, o que su letra nos recuerde algo agradable, quizás sólo nos recuerde a otra canción.
La tercera cosa que he descubierto en éste tiempo es que soy un bicho raro. La gente se resiste a admitir lo moldeables que somos, prefiere, pensar en que son los dueños de sus vidas, “yo soy yo, y bueno, alguna que otra circunstancia” pero sobre todos, YO. Tiene sentido que la gente piense tal cosa, la creencia en un alma es más acorde con ello.

1 comentario:

Goretti dijo...

Borrar el "yo" es caer en el conductismo, y por tanto ese punto de vista tiene los mismo puntos débiles que el conductismo, es decir, se le pueden hacer las mismas críticas. El conductismo es el "padre" de las corrientes dominantes de la psicología actual, pero en sí está "desfasado". Lo de ser un bicho raro es una cosa que dicen todos los "intelectuales" y que ya está tan gastado que da risa. Además no es nada raro, desde la filosofía (Hume por ejemplo) y toda la corriente que ha sido el conductismo, etc. se ha negado tanto el "yo", como la libertad, etc. Si de algo poco tiene ese texto, es originalidad, eso implica que todo lo que dice es común.

Saludos